Type 2 Diabetes

Diabetes tipo 2

La diabetes tipo 2 es una condición en la que los niveles de azúcar en la sangre superan los valores normales debido a la resistencia a la insulina. La diabetes tipo 2 es el tipo más común de diabetes. Esta condición a largo plazo es más común en adultos.

La insulina es una hormona que ayuda a que el azúcar (glucosa) ingrese a las células del cuerpo para convertirse en energía. En la diabetes tipo 2, los niveles altos de azúcar en la sangre ocurren porque las células del cuerpo no pueden usar la hormona insulina normalmente (resistencia a la insulina).

A nivel mundial, se estima que 1 de cada 11 adultos tiene diabetes. De estos, el 90 por ciento sufre de diabetes tipo 2.

Mientras tanto, en Indonesia, los datos de Basic Health Research (Riskesdas) en 2018 mostraron que alrededor del 1,5 por ciento o 1 millón de personas en Indonesia fueron diagnosticadas con diabetes. Se estima que esta cifra es mayor, porque todavía hay muchos indonesios a los que no se les ha diagnosticado diabetes tipo 2.

Síntomas y complicaciones de la diabetes tipo 2

Los pacientes con diabetes tipo 2 pueden experimentar una variedad de síntomas, como llagas que son difíciles de curar , visión borrosa y entumecimiento o hormigueo en las manos o los pies. Sin embargo, estos síntomas tardan mucho en aparecer y ser sentidos por quien los padece. De hecho, esta condición tiene el potencial de pasar desapercibida hasta que se presenten complicaciones.

Algunas de las complicaciones que pueden experimentar las personas con diabetes tipo 2 son:

  • Enfermedad del corazón
  • Úlceras diabéticas (úlceras diabéticas)
  • enfermedad de alzheimer

Tratamiento y prevención de la diabetes tipo 2

Algunos de los métodos utilizados para tratar la diabetes tipo 2 incluyen la adopción de un estilo de vida y una dieta saludables, así como la administración de medicamentos o insulina. Mientras aún están en tratamiento, los pacientes deben someterse a controles regulares de azúcar en sangre y de salud.

La diabetes tipo 2 se puede prevenir con un estilo de vida saludable, que incluya ejercicio regular y una dieta nutritiva completa y equilibrada. Sin embargo, los controles de salud deben realizarse con regularidad, especialmente si tiene factores de riesgo para esta enfermedad.

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